Una empresa asturiana ha creado una inteligencia artificial que funciona con energía solar y rechaza la dependencia de los gigantes tecnológicos estadounidenses. Empathy AI, nacida en Gijón, se presenta como alternativa «soberana» a ChatGPT y otros modelos controlados por Silicon Valley, con una filosofía radical: que la IA se sienta máquina y el usuario se sienta persona.
El antídoto contra la dependencia tecnológica
Empathy, compañía fundada en 2012 que llegó a ser el mayor cliente de Amazon Web Services en el norte de España, decidió romper con sus propios proveedores. Tras años sufriendo «abusos en privacidad, subidas inesperadas de costos y amenazas contra la propiedad intelectual», según su CEO Ángel Maldonado, el equipo desarrolló su propia nube privada de IA instalada completamente en sus oficinas del Parque Tecnológico de Gijón. La infraestructura ya da servicio a más de 500 empresas, incluyendo Vodafone, Casa del Libro y Primor, con chatbots y asistentes que funcionan bajo esta arquitectura independiente.
Lo que comenzó como un proyecto interno para no depender de terceros como Amazon, Google o Anthropic se ha convertido en un competidor directo que incluso la revista especializada estadounidense que lo bautizó como «el anti-ChatGPT» ahora utiliza a gran escala. La película ‘Molly versus the Machines’ también emplea esta tecnología en su página web, mientras que DocSociety, una gran organización de generación de contenido, ha migrado desde Gemini a la plataforma asturiana.
Por qué esto redefine la soberanía tecnológica
Maldonado critica la narrativa que presenta a la IA como «una inteligencia misteriosa capaz de acabar con el mundo», defendiendo que en realidad «la IA es una herramienta». Esta concepción filosófica diferencia a Empathy AI de sus competidores: mientras otros modelos buscan imitar el comportamiento humano, este sistema establece desde el principio que es un sistema de información. «El objetivo es que el usuario se sienta persona y que la IA se sienta máquina», explica el CEO, creando así una relación más equilibrada y evitando la emulación de emociones donde no las hay.
La dimensión geopolítica tampoco pasa desapercibida. «Estamos confiando la revolución industrial del siglo XXI a los mismos oligarcas digitales que ya demostraron en el pasado que su única prioridad son sus propios beneficios frente al bienestar social», señala Maldonado. Con presencia en Estados Unidos y Reino Unido y más de 3.000 clientes, la empresa asturiana plantea un modelo donde Europa podría recuperar control sobre una tecnología que actualmente depende mayoritariamente de corporaciones estadounidenses y chinas.
Los números que cambian las reglas del juego
La eficiencia energética marca otra diferencia crucial. Mientras las grandes IA ofrecen «todos los menús de todos los restaurantes del mundo», según la analogía de Maldonado, Empathy AI funciona de manera contextualizada. Al concentrarse en ámbitos específicos para cada consulta -como documentos legales o contenido académico- el consumo energético se reduce drásticamente. Tanto que la compañía alimenta los servidores que alojan la IA directamente con la energía de los paneles solares instalados en su edificio, eliminando prácticamente la huella de carbono de sus operaciones.
Esta optimización técnica permite un modelo de negocio donde el control total sobre la infraestructura se combina con rendimiento óptimo y continuidad garantizada del servicio. Los promotores destacan que el sistema está «blindado frente a decisiones externas» de los grandes proveedores, ofreciendo lo que denominan «alternativa soberana» en un mercado donde la dependencia tecnológica se ha convertido en vulnerabilidad estratégica para empresas y países.
¿Podrá una empresa de Gijón cambiar las reglas de un juego dominado por multinacionales con presupuestos billonarios? La respuesta podría estar en los más de 500 clientes que ya confían sus operaciones a una IA que no pretende ser humana, solo útil, y que funciona con el sol de Asturias.